Así que, sin pensarlo mucho, tomaron a Jose y subieron al auto de David. Javier estaba emocionado y no paraba de hablar de cómo harían para que la billetera de Lucas sufriera una gran pérdida...
David miraba a los dos pequeños, exultantes de alegría, y sentía un cierto alivio de que los acontecimientos del día no habían empañado su ánimo.
Al mismo tiempo, cierta preocupación se cruzaba por su mente. Si estos niños pudieran ser apaciguados fácilmente con dinero, se evitaría mucho problema. Despu