Lucas movió los labios, quería creer, creer que Ana lo amaba, que todo había sido un malentendido. Pero la cruel realidad estaba ante él, y no podía engañarse de esa manera. Al final, Lucas no dijo nada.
Ana sonrió por la comisura de su boca. Tal como pensó, él no la creía. Sin embargo, bajo las circunstancias actuales, no era algo que la sorprendiera demasiado.
—Si no confías en mí, ¿por qué insistes en que me quede aquí? Debe ser doloroso para ti verme, ¿no? —cuestionó Ana.
—Lo que yo sienta n