—David, no te preocupes. Cuando regrese a mi país, me someteré a un riguroso proceso de rehabilitación. No seré una carga para nadie.
Al escuchar estas palabras de Silvia, David se sintió aliviado, pero también un tanto melancólico.
—No debes hablar así de ti misma. Pase lo que pase, nunca serás una carga; eres mi hermana.
Silvia asintió. Justo en ese momento, Alicia entró en la habitación.
—Quiero cambiarme de ropa, Alicia, ¿me puedes ayudar?
Alicia rápidamente trajo un conjunto de ropa limpia.