Para Jareth era una sensación única, una sensación que lo hacía morder la espalda de su esposa, y que lo ponía aún más duro.
Algo que él jamás creyó posible, sobre todo al sentir como su miembro llegaba cada vez más profundo en el interior de su esposa.
La forma que las paredes íntimas de Claire lo apretaban.
Sus manos traviesas no paraban de recorrer su piel, no solo sus dedos jugaban con sus pezones, o su vientre plano, también iba más abajo, hasta llegar a su clítoris, el cual rotaba en su