22. Tampoco puedo dejar que te alejes.
—No puedo permitir que salgas de aquí…— susurró, dejando que sus labios rozaran los de ella en cada palabra dicha por sus labios, hasta que perdió el control y le fue imposible no tomar los labios de su exesposa que en esos momentos se entreabrieron.
No dejaría que volviera a quejarse, o que le alejara con sus palabras.
El cerebro de Claire se desconectó en el instante en que esos labios empezaron a hablar rozando los suyos y no pudo más que llevar los brazos alrededor de su cuello y correspon