Tres días habían pasado desde que se habían limado las asperezas; sin embargo, una cosa era volver a ser amigos, Christian y él y otra muy distinta el entregarle a su hijo.
—Necesitas más que venir por mi hijo y besarlo frente a mí para que me convenzas de que lo amas— menciona Eros, quien se encontraba en esos momentos sacando un tablero de ajedrez.
—¿Así? Quieres que te lo demuestre ¿De qué modo?— le preguntó Christian a su suegro, sentándose justo enfrente de él.
—Deberás ceder todas tus ac