164.Te daré lo que pidas.
— Creo que fue mutuo porque yo no podía dejar de tocarme en la quietud de mi habitación, pensando en ti — aseguró Enzo inclinándose hacia él y llevando los dedos a su trasero, entre las nalgas de su prometido y penetrándole con uno de ellos.
Christian cerró los ojos disfrutando de la cercanía de Enzo, de volver a sentir su calor contra su piel, del olor de su aroma, adhiriéndose a su piel, mezclándose con su propio aroma, sus dedos recorriendo su piel hasta llegar a ese lugar que tanto necesita