158. Celos
Christian seguía besando a su prometido, sin importarle o mejor dicho, sin que le importaran que toda la alta sociedad Italiana se encontraba observando como le comía la boca a ese hombre entre sus brazos.
Enzo no vio nada ni escuchó nada más aparte de lo que tenía delante, para él únicamente existía su prometido allí, reclamando sus labios y no dudó en corresponderle con todo ese amor que sentía por el incapaz de ocultar lo mucho que le había extrañado.
Pasó los brazos tras el cuello de Christ