Todos son iguales.
Atraído por la impresionante belleza que tenía está chica, y embobado por el perfume que destilaba, Andrés iba detrás de ella diciéndole los halagos más empalagosos que alguna vez hayan pasado por su boca, y la mujer bastante incómoda, solo sonreía para disimular apresurando el paso, ya que no lo conocía, y al estar recién llegada al pueblo, pensaba que se trataba de algún bandido muy elegante.
— ¡Hey, pss pss! Espera un momento por favor.— Al mismo tiempo Andrés avanzaba intentando alcanzarla.