18.
Amanezco con las energías renovadas y unas inmensas ganas de verle la cara a Sebastián. Quisiera verle otras cosas por supuesto, pero supongo que no se podrá por ahora.
Él entra al lugar, todo vestido de negro y con gafas de sol. Me paralizo al verlo, sintiendo que mi corazón se acelera cuando nuestras miradas se cruzan al quitarse los lentes. Me regala un guiño y sonríe de lado, haciéndome suspirar por lo que me giro para que no lo note.
Arrogante, pienso y ruedo los ojos.
¿Ahora cómo pretendo