82. Domando mi Ruina
Stefanos
Johan no dijo más nada. Simplemente le dio la espalda y desapareció por el pasillo, como un lobo demasiado herido para seguir ladrando.
Me quedé allí unos segundos, respirando hondo, intentando contener la furia que aún latía bajo mi piel. Pero no era solo rabia lo que ardía dentro de mí.
Era ella. Solo ella.
Su olor era más fuerte ahora. Más cálido. Más dulce. Lo suficientemente denso como para adherirse a cada parte de mi ser, arrastrándome como una corriente invisible hasta la puert