61. Al borde
Stefanos
Nuria estaba allí. En mi cama. Tan pequeña, tan destruida... y aun así, más fuerte que cualquier loba que haya conocido.
La película seguía en la pantalla, una de esas comedias ridículas que jamás elegiría ver en mi sano juicio. Pero ella estaba casi dormida, encogida bajo mi manta, pegada a mi lado, con mi brazo rodeándola como si fuera lo único capaz de mantenerla entera. Mi mano se movía despacio, hundiéndose en los hilos húmedos de su cabello. No podía parar.
Ella no decía una pala