44. Explosión de deseo
Stefanos
Mi mano tocó su cintura. Ligera. Pero lo suficientemente firme para sentir la tensión de su cuerpo.
Ella no respondió.
Solo jadeó cuando mis labios rozaron de nuevo su piel, el cuello delicado inclinándose ligeramente hacia un lado, como si instintivamente me ofreciera paso.
Mi nariz se deslizó por su piel.
Ella se estremeció.
"¿Es mi olor lo que te eriza así, lobita?", susurré. "¿O es la sangre? ¿El don? ¿O soy yo... y lo que te hago?"
Mi mano subió despacio por su columna, sintiendo