357. Perdiendo la cabeza
Kiara
Desperté lentamente, sintiendo su calor todavía envolviéndome.
No recordaba exactamente en qué momento me había acostado de lado, junto a él en la cama.
Tal vez fue cuando vi una lágrima solitaria escapar de la esquina de su ojo. Intentó disimular, voltear la cara... pero lo vi.
Y aquello rompió algo en mí.
No podía imaginar cómo sería no amar a este lobo.
Me quedé allí, sin decir nada, solo observándolo respirar. Su pecho subía y bajaba lentamente, más tranquilo de lo que nunca lo había