230. Un nuevo aliado
Stefanos
El sendero estaba cada vez más húmedo, como si el bosque sintiera la presencia del mal. El olor de Nuria aún marcaba el aire como un rastro sagrado, y yo lo seguía como si fuera el último hilo de cordura que me quedaba.
Mi hija estaba dentro de ella.
Mi Luna... y mi cachorro... capturados.
"Cinco kilómetros más", gruñó Mark a mi lado. "El olor está más fresco. Pasaron con ella por aquí hace poco tiempo".
Asentí, sin parar.
Fue entonces cuando los arbustos de adelante se abrieron. Un gr