227. Prisionera de Diana
Nuria
La primera cosa que sentí fue el frío.
Después, el dolor.
El cuerpo entero me dolía como si hubiera sido atropellada por una manada enfurecida. La cabeza me palpitaba, la garganta estaba seca, y mis muñecas... estaban atadas.
Abrí los ojos despacio, parpadeando contra la débil claridad de las lámparas fijas en las paredes húmedas. Un olor metálico llenaba el aire... sangre, suciedad, miedo.
Era una celda. Pequeña. Húmeda. De piedra. El techo bajo parecía querer aplastarme.
Inhalé con fuer