109. Obsesivo y mío
Nuria
Él me miraba como si el mundo entero fuera insignificante a mi lado.
Sus ojos ardían, el cuerpo tenso como si cada fibra muscular le implorara tocarme… y cuando sus manos se deslizaron por mis muslos con firmeza, sentí mi cuerpo vibrar.
"No tienes idea de lo que acabas de decirme", susurró, la voz baja, ronca, cargada de algo que rozaba la locura. "Mi dulce Ruina… mi dulce perdición".
Antes de que respondiera, su boca se pegó a la mía con urgencia.
El beso era rudo y dulce al mismo tiempo