La alarma de un celular se escuchaba a lo lejos, abrí los ojos, la garganta me recordó el motivo por el cual detestaba beber, pero ayer lo necesitaba, seguía oscuro, ¿dónde estaba?... ¡Yo tengo vuelo! Intenté levantarme y un brazo lo impedía. —¡Mierda! ¿Qué hice anoche? —la cabeza trabajó rápido, me reuní con mis amigas, ¿quién me trajo a mi casa? ¿Era mi casa? Mis ojos se adaptaron a la oscuridad, al lado en la mesa de noche había una lámpara, al encenderla el corazón me dio un vuelco. —Era mi