La disciplina real (continuación)

Ella jadeó; se le cortó el aliento en la garganta cuando él arrastró la parte plana de su lengua por el centro de su hendidura, desde su entrada hasta su perla.

—Sabes a pecado —murmuró él contra sus pliegues—. A pecado... y a rendición.

Él se arrodilló detrás de ella como un hombre en oración. Sus pulgares la abrieron aún más y su boca se expandió; su lengua se hu

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