—Oh, Cloe —dice Anthony mientras se tumba boca abajo sobre la manta—. Nunca me canso de ti. Como para demostrarlo, se da la vuelta y queda boca arriba. A la luz de la luna, puedo ver que su pene está casi completamente erecto de nuevo.
—Oh, Dios —digo mientras extiendo la mano para acariciarle el pene. Él gime. Luego me agarra la muñeca. Me atrae hacia él y luego nos pone de rodillas nuevamente. Me hace ponerme en cuatro patas. Estoy mirando hacia el bosque que conduce a la casa. Espero que mi