Se sube encima de mí mientras nos alejamos flotando de la orilla. Comienza a tomar puñados de agua y a arrojarlos sobre la superficie del colchón. Hace frío y tiemblo.
—Quiero que sea resbaladizo para que no te quemes con el colchón o algo así—, dice.
Asiento, temblando. Entonces, él alcanza la esquina del colchón y presiona un botón. De repente, el colchón se ilumina. Hay cables de luz que atraviesan el plástico transparente en filas. Jadeo. Es muy bonito.
—¿No nos verán?— susurro.
—No realmen