—Hay tantas maneras en las que quiero cogerte, Nina —dice con voz ronca mientras me mete su pene dentro.
—Está bien —digo débilmente, la lujuria y el placer inundan mi cuerpo. —Pero no podemos —dice con tristeza mientras me coge.
—¿Qué?— digo sin entender.
—Es un pueblo pequeño —dice—, la gente hablará. —Empieza a cogerme más fuerte y a pasar el pulgar sobre mis pezones, uno tras otro.
—¿Qué?—, vuelvo a decir, ebria de lujuria y éxtasis. Esto no puede ser real.
Él no dice nada, solo sigue cogié