—¡Ugghhhh! —gimo mientras la leche me recorre el coño. Empiezo a sollozar. Él sube por mi cuerpo y me besa. Puedo sentir mis jugos en su boca.
—Shhh —dice con dulzura. Me besa las mejillas. Dejo de llorar. —Shhh —dice, besándome profundamente otra vez.
—¿Quieres más?— susurra en mi oído y luego lo besa.
No siento nada más que deseo por él cuando estamos tan cerca. Piel con piel, calor, sudor.
No puedo evitar querer más.
—¿Estás bien? —pregunta mientras me besa la oreja un poco más—. ¿O quieres