La noche estaba tranquila cuando Mateo llegó a su casa. Para su sorpresa, Luciana ya estaba ahí, esperándolo con una sonrisa y unas cervezas en la mano.
—¡Hey! —saludó ella, alzando las cervezas—. Pensé que podríamos pasar un rato como antes, relajarnos y charlar un poco.
Mateo, aunque extrañado, sonrió y la invitó a pasar. Ambos se acomodaron en la sala, bebiendo y picando algo mientras conversaban de temas triviales al principio. Luciana estaba actuando de manera natural, pero en el fondo sen