Al día siguiente, la mansión De Santos estaba sumida en un tenso silencio cuando Camila llegó para visitar a Sofía. Isabella, quien había estado esperando con impaciencia noticias de Julián, escuchó el timbre de la puerta y acudió rápidamente, su rostro iluminándose con la esperanza de que fuera él. Sin embargo, al abrir la puerta y encontrarse con Camila, su expresión se transformó en una mezcla de decepción y frustración.
–Ah, eres tú, Camila –dijo Isabella, tratando de ocultar su desilusión