Aron no lo anunció como una estrategia.
Ni siquiera como una decisión.
Lo dijo una mañana, mientras la ciudad todavía no terminaba de desperezarse, con la misma calma con la que se menciona un cambio de clima.
—Vámonos al bosque.
Leyla levantó la vista del archivo que estaba revisando. Tenía los dedos manchados de tinta y símbolos antiguos, y una línea de concentración dura entre las cejas.
—¿Ahora?
—Hoy —respondió él—. Para mañana es tarde.
Leyla lo observó en silencio. No buscaba señales de u