Un mes más tarde…
—Te juro que cuando le ponga las manos encima…
Virginia se encogió ligeramente ante la ira de su amiga.
Nancy llevaba casi media hora hablando y despotricando a los cuatro vientos en la cafetería donde las tres se habían reunido. Durante los últimos treinta minutos había pasado de la ira a la tristeza y de la tristeza a una indignación renovada en cuestión de segundos, todo debido a su fatídico día en la oficina con su jefe.
Virginia no podía culparla.
Por todo lo que ya sabía