—No pienso quedarme aquí—dijo finalmente—. No pienso ser una mate, luna o lo que sea. ¡Mucho menos pienso correr peligro por permanecer en este sitio!
—No puedes irte asi, Leyla…
—¡Dios! —replicó ella—. ¿Por qué? ¿Por qué demonios no puedo?
Aron negó con la cabeza y dio un paso hacia ella, con la intensión de contenerla.
Pero ella se alejó al instante.
—No voy a permitir que nadie te haga daño. —Dijo él, dejando sus brazos caer a sus costados, frustrado. —Moriría antes de que permitir que algui