En la mansión De Lucca, la tensión era palpable. Emiliano, lleno de furia y frustración, caminaba de un lado a otro en su estudio, lanzando miradas a su reloj cada poco segundo. Había pasado más de una hora y media desde que le pidió a Luis que trajera la carpeta y aún no había señales de él. El vaso de cristal en su mano, lleno de un líquido ámbar, temblaba ligeramente debido a su ira. De repente, sin poder contenerse más, lanzó el vaso contra la pared, haciéndolo añicos. El sonido del vidrio