18 - Sirvienta Insolente...
El sol de la tarde se filtraba entre las ramas de los árboles del frondoso jardín de la mansión, pintando de dorado el césped y las flores que bailaban con la suave brisa primaveral. Margaret se mecía suavemente en la mecedora de mimbre, sosteniendo en sus brazos al pequeño Emanuel. La tranquilidad del momento era absoluta, solo interrumpida por el suave murmullo de los pájaros y el risueño gorjeo del bebé.
Disfrutaba de aquel momento de paz y serenidad, observando con ternura el rostro dormido