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Londres
La lluvia cae sin piedad sobre el cementerio, como si el cielo mismo llorara la partida de doña Rocío Suárez. Su nieta, Avril Velázquez, se queda sola frente a su tumba, sus lágrimas se mezclan con lel agua que baja por su voluptuoso cuerpo. Hace apenas unas horas que su abuela exhaló su último aliento en la pequeña habitación del apartamento que compartían. Entre lágrimas y manos temblorosas, su amada Rocío, le entregó un sobre sellado. "Ábrelo cuando estés lista, mi niña. Pero no esperes demasiado… La verdad duele, pero libera ".—Le susurró antes de cerrar los ojos para siempre. Avril, aprieta la carta dentro de su bolso desgastado. Todavía no puede leerla. En estos momentos nada importa, el dolor por perder al único ser que le quedaba es tan fuerte que siente que muere lentamente. No se quiere mover del lado de su amada Rocío. Solloza sin control, abrazándose a sí misma, sintiéndose más sola que nunca. Jorge, su novio de dos años, ni siquiera apareció en el entierro. “Tengo trabajo, gorda. Tú entiendes".–Le dijo por mensaje. Está completamente sola. Desde la distancia, un hombre observa la escena. Acaba de dejar un ramo de lirios blancos sobre una de las tumba, la de un nombre que juró no volver a mencionar, que cuya muerte aún le quema el pecho como ácido, pero no puede dejar de ir a visitar su tumba. El llanto de la mujer es tan intenso, que la lluvia no lo opaca. El vestido se le pega a su cuerpo voluptuoso, ese cuerpo también a llamado su atención. Algo dentro de él se mueve. No es sólo compasión. Es reconocimiento. Esa forma en que se abraza, como intentara sostener los pedazos de sí misma, le recuerda su propio dolor. Se acerca a ella con pasos firmes, su traje oscuro empapado, el cabello castaño oscuro pegado a la frente y sus ojos verdes intensos fijos en ella. –Señorita… —su voz es grave, profunda—,no puede quedarse aquí. Se va a enfermar.—Avril levanta la mirada. Sus ojos color miel, enrojecidos por el llanto, se encuentran con los de él. Al instante, todo a su alrededor se detiene, la lluvia cae con lentitud, el aire desaparece, sus latidos se ralentizan. Él es alto, de hombros anchos, mandíbula marcada y una presencia que irradia sensualidad y poder absoluto. Avril, nota la forma en que sus labios carnosos se entreabren ligeramente y cómo sus cejas gruesas se fruncen con genuina preocupación— –Yo… estoy bien.—miente, con la voz totalmente rota— –No lo estás.—responde él suavemente. Extiende su chaqueta cuero sobre los hombros de ella—,soy Nickolae. Ven. Te invito algo caliente. Solo para que no te resfríes. Mi auto está cerca.—Avril quiere negarse, pero el frío cala sus huesos y la soledad es insoportable– –Soy Avril y no debo aceptar la invitación de un extraño. –Prometo que no soy un asesino. –Justo lo que diría uno.–Nick sonríe. Tenia tanto tiempo sin hacerlo que él mismo se sorprende— –Sí, tienes razón, ¿qué puedo hacer para demostrarlo?, puedes tomarle una foto a mi documento de identidad y se lo envías a alguien.-dice con simpleza. Avril traga grueso al recordar que no tiene a nadie. La única que le habla de sus compañeras de estudios es Jimena y no va molestarla- –Acabo de darme cuenta de que soy la victima perfecta, no tengo a nadie para eso, así que si quiere asesinarme este es lugar perfecto.-Por alguna razón que desconoce, él, vuelve a reír— –Solo quiero sacarte de aquí porque sé lo que se siente estar donde estás. –Entiendo y gracias, acepto ir, pero iremos a mi departamento, está cerca y tengo cuchillos allí. —Él asiente riendo y guiándola hacía el lugar donde está estacionado el carro. Al llegar, el departamento que Avril compartió con su abuela está en silencio, cargado de recuerdos. Nickolae espera en la sala mientras ella se quita la ropa mojada. Avril, camina hacia la sala con una bata para Nick en las manos. Él está de pie junto a la ventana, mirando la lluvia. Se gira, la observa detenidamente. "¡Dios!, . Es hermosa". Piensa. Sus curvas no se esconden; proclaman sensualidad en su máximo esplendor. La forma en que la blusa se tensa sobre su busto, la redondez de sus nalgas al voltear a servirse un vodka, le hace sentir un calor primitivo de inmediato— –¿Quieres algo de tomar?.—pregunta ella, nerviosa—. Tengo… vodka. No soy de whisky. –Vodka está perfecto.—responde él con una sonrisa que hizo que las rodillas de Avril temblaran inmediatamente- -Bien, mientras sirvo los tragos puedes ponerte esta bata para que estés más cómodo, yo pondré la ropa a secar.-Él asiente. Así lo hacen. Después de unos minutos, se acomodan en el sofá. Un trago. Dos, cinco, diez. La conversación fluye con una facilidad sorprendente. Él habla poco de sí mismo, solo dijo que perdió a alguien importante. En cambio ella, entre lágrimas y risas amargas, le cuenta de su abuela, de la soledad, de cómo el mundo siempre la ha mirado como "la gorda nunca es suficiente". Nick la escucha con mucha atención mientras lucha con unas ganas devoradoras de besarla, es deseo ligado a la admiración. Ella no puede dejar de notar sus manos grandes, su pecho musculoso, esa voz ronca que le eriza la piel, su cabello castaño se pega a su frente de una manera tan sexy que la hace humedecerse. La tensión sexual crece como una tormenta. Una mirada prolongada. Una risa compartida. Él roza su mano al servir otra copa. Avril siente un escalofrío— –No debería… —susurra cuando Nick se inclina más cerca- –Quiero besarte.—Le dice él, con una honestidad tan cruda que la deja sin respiración—. Desde que te vi bajo la lluvia.–Ella niega pero él... la acerca a su boca, siente su cálido y delicioso aliento... El beso es puro fuego. Sus labios se encuentran con un hambre voraz de deseo, pasión y desenfreno. Las manos de Nick le recorren su cintura, subiendo hasta agarrar sus pechos grandes y duros con vehemencia-,eres preciosa.—murmura contra su boca—.estas curvas… me vuelven loco.–Vuelve a sus labios de los cuáles ya no puede despegarse– –Mmm.–Avril gime sin control. Nadie la había besado y tocado así, con tantas ganas, con tanta pasión, se deja llevar por la lujuria desmedida que este hombre delicioso le provoca. El sexo es apasionado, lleno de gemidos. Llegan juntos al clímax. Lo hacen cuatro veces más esa noche. En la segunda, ella lo monta como ninguna mujer lo hizo, el corazón de Nick late tan fuerte al tenerla así que siente que morirá, pero aún así jadea rogándole que no pare. ••• Al amanecer, Nick abre los ojos por la vibración del celular. Lee que tiene 25 llamadas perdidas. 20 son de Paula su prometida. Mira a Avril dormida, hermosa y desnuda entre las sábanas, y no siente culpa, ha sido lo mejor que le pasado en la vida, tanto que por un momento, se le olvidó que va a casarse dentro de un mes. No le debe una explicación a Avril aunque quiere dársela. Literalmente quiere dársela una y otra vez, tantas veces que nadie se lo puede imaginar. Pero prefiere irse sin decir nada, demasiado que explicar y él no es de dar explicaciones. Se viste en silencio y se va, cerrando la puerta con cuidado. ••• Avril despierta horas después. La cama está fría a su lado. Extiende la mano y no encuentra a nadie. Abre los ojos, mira hacía el lugar donde se supone estaba Nick, lo llama y no responde, tampoco lo hará, su ropa y zapatos no están en el lugar donde ella lo dejó hace unas horas. El vacío la golpea como un puñetazo. Las lágrimas regresan con fuerza. Se siente usada, vacía, el hombre maravilloso que la hizo sentir deseada por primera vez en su vida, se fue sin decir adiós. —¡Dios! otra vez sola… —susurra, abrazando sus rodillas contra su pecho. Mira la cartera donde está la carta que le dejó su abuela, esperando ser abierta. Ella no tiene ni idea de cómo su vida cambiará al hacerlo.






