No he dormido nada, y ya es hora de irme a trabajar, a regañadientes me baño y me visto, al bajar, pregunto a mi única empleada, Rosa, a quien recontraté hace ya varios años, después de descubrir la verdad.
—Rosita, buenos días, mi amigo, Ethan, ¿ya se fue?
—Oh, si, el señor salió muy temprano, dijo que debía ir a su hotel a cambiarse, pero le dejó dicho que recuerde que aún tiene muchas cosas que contarle.
—¡Ja!, ¡ese Ethan!
—Señor, ¿va a desayunar?
—Solo café, por favor, no quiero