De regreso a New York, apenas salgo del aeropuerto, le pido al chofer que antes de llevarme a casa, me lleve al cementerio, pues quiero visitar a mi esposa.
Mi pequeña Chloe, duerme plácidamente sobre mí, incluso ronca un poco, lo que me indica que nada la despertará en un par de horas.
Bajo del auto con ella en brazos, pues nunca me canso de cargarla, aunque cada día pesa más. Al llegar a la tumba de Chloe, veo que hay un lindo ramo de lirios morados, seguro fue Rosa, quien las llevó, p