Fiorina apoyó una mano en la baranda, respirando hondo. El aire fresco ayudó. El dolor comenzó a ceder.
—Ya pasó —dijo al cabo de unos minutos—. Estoy bien, Giorgio, gracias.
Giorgio la observó con atención, asegurándose de que ella no le estuviera mintiendo.
………
✧✧✧ Una hora más tarde. ✧✧✧
El aire del lago era fresco y constante cuando regresaron a la cubierta. Después de que en el interior ella tomara un té y una enfermera auxiliar a bordo la checara.
Fiorina caminó despacio, sinti