Capítulo 58: Querer saber de ella.
Giorgio permaneció inmóvil durante unos segundos que parecieron demasiado largos.
El murmullo lejano del agua, el canto bajo de algún ave escondida entre los árboles, el crujido suave de las ramas moviéndose con la brisa… todo seguía ahí, intacto.
Y aun así, para él, el mundo había cambiado apenas un instante atrás.
Sus ojos grises siguieron la figura de Fiorina avanzando hacia el muelle de piedra.
Nadie había vuelto a cruzarlo desde… esa pérdida.
Desde el día en que ese lugar dejó de ser un simple capricho infantil.
Desde el momento en que el kiosko dejó de ser un regalo, una promesa, y se transformó en algo demasiado pesado de sostener incluso con los recuerdos.
Un dolor punzante atravesó a Giorgio Marchesani, justo en el pecho.
Giorgio respiró hondo.
El aire le llenó los pulmones con dificultad, como si algo se resistiera dentro de él.
Sin embargo, ese CEO, no detuvo a la diseñadora.
No alzó la voz para llamarla.
No le dijo que ese lugar no se tocaba.
Solo la siguió