Capítulo 163: Primero mi esposo.
Lucrecia sostenía en un abrazo a su hija, como si temiera que, al soltarla, volviera a desaparecer. Sus manos recorrían su espalda con una torpeza que no le pertenecía a una mujer siempre impecable, siempre contenida, y Fiorina —Ginevra— sintió por primera vez, ese amor perdido durante años.
Stefano estaba a su lado, rodeándolas a ambas con un brazo firme, protector. Su pecho subía y bajaba con una respiración irregular que él no conseguía controlar del todo. Ese hombre que dominaba salas de