Capítulo 109: La niña que ama nadar.
Fiorina caminó despacio por el patio, observando ese lugar con una mezcla de curiosidad y tensión.
Habían camastros largos, reclinables, acolchados, bajo una sombrilla elegante.
Ella se sentó en uno, apoyó la espalda y dejó caer la cabeza apenas, mirando la superficie del agua como si fuera hipnótica.
El sonido del agua era tranquilo.
Plip… plip…
Pero en su mente…
Nada era tranquilo.
Porque el beso con Giorgio todavía le quemaba en la boca como una prueba de que ella ya no tenía control