Capítulo 105: No me voy a divorciar.
El sonido de una puerta abriéndose interrumpió a Massimo Bernardi.
¡BAM!
Massimo levantó la cabeza, listo para gritarle a quien se atreviera a entrar sin permiso.
Y ahí estaba ella.
Antonella Bernardi.
Su esposa.
Ella iba con el cabello pelirrojo arreglado en un moño elegante, expresión fría, pero con los ojos brillándole de una manera extraña.
Massimo frunció el ceño al instante.
—¿Qué haces aquí? —soltó, cortante—. Estoy trabajando. Aunque esté en casa, esto es mi oficina. No