51. LA REVANCHA
TRINITY
—¡Wow, qué hermoso! —no pude evitar exclamar cuando salí del auto y al fin estuvimos frente a lo que ellos llamaban “la cabaña”.
Si esto era una cabaña, mi casa era una pocilga.
Parecía la villa privada de un millonario, en la cima de una montaña nevada.
Todo el interior del salón se podía observar desde afuera, a través de las paredes de cristal.
En el segundo piso, balcones llenos de pequeñas luces colgantes, madera oscura y piedra, era un deleite para los ojos.
El auto había subido