109. CHARLA NOCTURNA
TRINITY
Su piel, recién salida de la ducha, se sentía fría, a diferencia de la mía, febril, pero ambos ya estábamos sudando, nuestros cuerpos reaccionando al deseo desenfrenado.
Su boca regresó a mordisquear mi pezón.
Cada vez que metía la aureola en la ardiente cavidad, su lengua me atormentaba, rodeándola y dándole golpecitos con la punta.
Los caninos afilados me traían escalofríos que bajaban punzando en mi vientre.
Su mano libre acariciaba el costado de mi torso, para luego hacer un camino