— ¿Entonces, está todo listo? — Emil sostiene la puerta para que Vanessa salga del banco.
— Sí, por lo menos, yo estoy lista.
Al salir del banco, Vanessa guarda las facturas de la hipoteca familiar y luego observa su reloj; ya pasaban de las tres y su estómago no tardó en hacer acto de presencia.
— Creo que alguien necesita comer. — Son las palabras burlonas del peli castaño.
Vanessa pasa a su lado sin decir nada, pero el marcado sonrojo en sus mejillas deja en claro lo apenada que se encuentra