64| La luna que elegí.
Analía contuvo el aliento cuando sintió la presencia de Salem llegando al lugar. Muchísimas personas de la manada ya se habían congregado alrededor de la entrada del pequeño Palacio. Alexander asomó la cabeza por la ventana y negó.
— Son muchos. Se ven muy enojados. Creo que me escaparé por la puerta de atrás para buscar a los vampiros. Esto podría ponerse muy feo — dijo, mirando a Farid.
El anciano señaló dónde estaba la salida trasera y, cuando regresó junto a Analía, tenía un gesto tenso.