22| Por el trato.
Analía perdió todas las fuerzas que tenía en el cuerpo. Las rodillas le temblaron y cayó arrodillada frente al Alfa. El hombre se agachó, la tomó por los hombros y la levantó.
— No lo entiendo — murmuró ella, aterrada — . ¿No quiso venir?
Los ojos se le habían llenado tanto de lágrimas que le impedían ver los ojos rojos del Alfa, que la miraba con una extraña expresión en el rostro. Por primera vez no la miró con rabia; la miró con una expresión de genuina curiosidad.
— Tu hermano es un lobo