16| Rey.
Ana salió de la herrería con la mente despejada y la cabeza en alto. La manifestación seguía ahí, aunque la cantidad de personas se había reducido a la mitad.
Al verla con el nuevo collar, los gritos cesaron, y un silencio aterrador se apoderó del lugar, tan profundo que hasta el zumbido de un insecto polar se oía como si resonara a través de altavoces.
Analía los miró a todos detenidamente, pero no tenía nada que decir.
No había palabras que pudieran convencerlos, que los hicieran aceptarla,