139| Ve por tu macho.
La pequeña Mía se bajó del mueble y caminó hacia Analía. Le tendió una pequeña rosa blanca, y Ana se arrodilló a su lado. — Qué linda eres, Mía — le dijo, acariciando su mejilla con el dorso de la mano. La niña sonrió mirando a su madre.
— Pasemos a la mesa — dijo Hannah. — Tenemos mucho de qué hablar — .
El rato que pasaron sentados en la mesa fue muy agradable. Hannah era una mujer fuerte de carácter, pero tenía un alma tan pura y tan noble que sobrecogió a Analía todo el tiempo.
Le cont