Tal como Johan había dicho, la mañana siguiente fue despejada. El cielo no estaba completamente abierto, pero había dejado de caer nieve; era la última tormenta del invierno. Ya llegaba la primavera, y con ella, la guerra.
Los drones que habían llegado acompañando al aquelarre navegaron por los cielos despejados y observaron que, en efecto, los ejércitos de Taranta ya estaban en marcha. Esa mañana, antes del amanecer, al menos 50,000 salieron de la ciudad. Era un número alarmante; entre Maiasau