Detrás de la pared, agazapada en la penumbra, Amara contiene un grito que le quema la garganta. Se tapa la boca con ambas manos temblorosas mientras las lágrimas brotan sin control, calientes, traicioneras. Sus hombros tiemblan como hojas en pleno vendaval. No puede dejar de mirar. No puede darse vuelta. Algo en ella, quizás el corazón, ha quedado paralizado. Como si el mundo se hubiera vuelto irreal. Como si todo lo que está viendo fuera una pesadilla de la que no logra despertar.
–No lo haga