Amara aprieta la mandíbula, obligándose a mantener la compostura. –No es una locura, Sophie… –susurra, pero su voz tiembla, traicionándola.
–Dime que es una broma, que estás jugando conmigo… ¡Porque no puede ser cierto! –continúa Sophie, mientras su tono sube con cada palabra. –¿Tú? ¿Rindiéndote? ¿Desde cuándo Amara Laveau se da por vencida?
Amara deja la taza sobre la mesa con un golpe seco. –Desde que estoy cansada de ser la segunda opción –Su voz no es más que un murmullo afilado, per