La enfermera entra con paso apresurado, pero tratando de no parecer brusca. —Disculpen, ha llegado el final del horario de visitas. El paciente necesita descansar– Su voz se mantiene serena, aunque firme.
Carlos asiente con una leve inclinación de cabeza, Amara se inclina hacia él, lo besa con ternura en la frente, y se obliga a no temblar. Pero apenas cruza la puerta, la máscara que tanto esfuerzo le costó sostener se desmorona.
Sale casi corriendo, como si la habitación quemara. Como si ca