La casa, que apenas una hora antes estaba llena de risas infantiles y música de cumpleaños, se transforma en un escenario de urgencia donde el tiempo parece comprimirse, porque en cuestión de minutos comienzan a llegar médicos llamados a toda prisa, hombres y mujeres con maletines oscuros, rostros serios y movimientos rápidos que cruzan la mansión como si el lujo del lugar no existiera, como si solo importara el cuerpo inconsciente que yace en el sofá del salón privado, mientras Liam observa en